"Por un instante que amaste
serás perdonado una eternidad"
Pere Niño de Sepeda
La bienaventuranza de Tereza, creaba un ámbito
similar a un rosedal de rosas negras,
y convertia la población en un recuerdo del paraíso.
Al atravesar las calles en su triciclo
camino a la feria libre donde vendia ropa usada
todos se estremecian de incontenible emoción.
Todos compraban sus prendas solamente
porque pasaron por sus manos.
Su esposo era jardinero ocasional,
y los hijos pastabaseros,
pero ella los amaba, como amaba
a la humanidad.
Al regreso, no parecía cansada
sino felíz de haberles dado a todos
otra posibilidad del paraíso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario